Estaba de pie, tambaleante y frágil, como la sombra de sí misma. El pelaje blanco apenas cubría el esqueleto
En las costillas — cicatrices de hambre y dolor,Y su corazón late más suave que el mar en calma.
En el refugio hay un rincón al que casi nadie entra. Allí está él: un perro con la cara torcida, un ojo
Estaba sentado contra un muro de ladrillos, sujeto al suelo por una cadena corta y oxidada.